Los fébriles días de mi vida
se desvanecen por tus ojos cándidos,
la sinfonía de tu maullido
y tu pelo esponjoso que despide el dulce de tu aroma.
Llegando a casa reparo en tu silueta
Heme ahí diciendo: !Cosi Cosi! tu nombre de caramelo.
!Albricias, albricias! por tenerte otro día yaciendo en mi lecho;
tu refugio, tu hogar y el espacio de tus sueños.
