El día descansa un 21 de enero,
aún con su olor de viernes mañanero.
Sentada en las faldas del bosque de un valle,
las hojas y aves me hablan con su canto,
El abrazo de los vientos me evocan hazañas,
hazañas del mundo no visto que sueltan enseñanzas.
Los parajes del no visto me colman de esperanza,
contemplo la magia de sus seres con harta alabanza.
Los vientos arrojan en mis labios una perla de agua,
despertándome nuevamente en un mundo sin magia.
Soñaré otra vez con el mundo no visto,
y enseñaré en papel ese mundo escondido en mi memoria.
